Chitosan

Muchos han sido los usos del chitosan a lo largo del tiempo. Ha servido para evitar problemas de hongos en las plantas, para asegurar la conservación de vinos o, en medicina, prevenir infecciones y reducir hemorragias. Sin embargo, si por algo se ha hecho famoso este producto en los últimos años es por su utilidad a la hora de perder peso.   El chitosan es un polisacárido obtenido a partir de la cáscara de crustáceos como gambas, langostas o cangrejos. El cuerpo humano no lo digiere y por este motivo resulta interesante si estamos pensando en seguir una dieta para adelgazar: cuando se encuentra en el intestino delgado, el chitosan capta la grasa de los alimentos, que de ese modo es expulsada del cuerpo antes de ser absorbida. Un gramo de chitosan captura hasta ocho gramos de grasa y así reduce considerablemente el contenido calórico de determinadas comidas.   Esto no debiera llevarnos a pensar que podemos perder peso rápido solo consumiendo chitosan y tomando todo tipo de alimentos y en grandes cantidades. El chitosan capta la grasa, pero no hace frente a hidratos de carbono y proteínas que, consumidos en exceso, nos hacen engordar. Más bien, el chitosan está pensado para hacer más llevadera una dieta adelgazante, para aquellos días que, por compromiso o por gusto, consumamos más grasas de lo acostumbrado. El chitosan tiene además otro tipo de beneficios: atrapa el colesterol malo, reduce la hipertensión y mejora la asimilación del calcio. También alivia el estreñimiento y ayuda a prevenir infecciones por hongos.   Es preciso recordar que no han de superarse las dosis recomendadas por los fabricantes y que las personas alérgicas al marisco no deben tomar chitosan. Por lo demás, es una ayuda inestimable en las dietas para perder peso, en especial si lo combinamos con productos adelgazantes como el alga espirulina o el té rojo.

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